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sábado, 10 de julho de 2010

El hombre muerto, Horacio Quiroga

"El hombre intentó mover la cabeza en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apreció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia. La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista; tanto, que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro. Pero entre el instante actual y esa postrera expiración, ¡qué de sueños, trastornos, esperanzas y dramas presumimos en nuestra vida! ¡Qué nos reserva aún esta existencia llena de vigor, antes de su eliminación del escenario humano! Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte, y tan imprevisto lo que debemos vivir aún! ¿Aún...?


No han pasado dos segundos: el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro. Bruscamente, acaban de resolverse para el hombre tendido las divagaciones a largo plazo: se está muriendo. Muerto. Puede considerarse muerto en su cómoda postura. Pero el hombre abre los ojos y mira. ¿Qué tiempo ha pasado? ¿Qué cataclismo ha sobrevivido en el mundo? ¿Qué trastorno de la naturaleza trasuda el horrible acontecimiento?


Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente, va a morir.


El hombre resiste -¡es tan imprevisto ese horror!- y piensa: es una pesadilla; ¡esto es! ¿Qué ha cambiado? Nada. Y mira: ¿no es acaso ese el bananal? ¿No viene todas las mañanas a limpiarlo? ¿Quién lo conoce como él? Ve perfectamente el bananal, muy raleado, y las anchas hojas desnudas al sol. Allí están, muy cerca, deshilachadas por el viento. Pero ahora no se mueven... Es la calma del mediodía; pero deben ser las doce. Por entre los bananos, allá arriba, el hombre ve desde el duro suelo el techo rojo de su casa. A la izquierda entrevé el monte y la capuera de canelas. No alcanza a ver más, pero sabe muy bien que a sus espaldas está el camino al puerto nuevo; y que en la dirección de su cabeza, allá abajo, yace en el fondo del valle el Paraná dormido como un lago. Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar..."


retirado de: http://finaestampadeunadepresiva.blogspot.com/

sábado, 20 de junho de 2009

Teresa Baptista cansada de guerra


...Com quem se parece Teresa Batista, tão castigada pela vida, tão cansada de apanhar e sofrer e, ainda assim, de pé, com todo o peso da morte no lombo, porfiando em arrancar da maldita uma criança para a vida? Pois eu lhe digo com quem acho que ela se parece.

Sentada nesta varanda, vendo ao longe o mar do rio vermelho, olhando as árvores, algumas centenárias, a maioria plantadas por mim e pelos meus, com essas minhas mãos que empunharam a carabina nas matas de ferradas, nas lutas do cacau, recordando João, meu finado, um homem alegre e bom, cercada pelos meus três filhos, meus tesouros, e pelas três noras, minhas filhas e rivais, pelos netos netas e bisnetos, por meus parentes e aderentes, eu, Eulália Leal Amado, Lalu na voz geral da benquerença, lhe digo, meu senhor, que Teresa Batista se parece com o povo e com mais ninguém. Com o povo brasileiro, tão sofrido, nunca derrotado.Quando o pensam morto, ele se levanta do caixão...


in Teresa Batista cansada de Guerra, edição Planeta de Agostini

segunda-feira, 20 de outubro de 2008

Le petit prince - Antoine de Saint-Exupéry


La seconde planète était habitée par um vaniteux: - Ah! Ah! Voilà la visite d’un admirateur! S’écria de loin le vaniteux dès qu’il aperçut le petit prince.
Car, pour les vaniteux, les autres hommes sont des admirateurs.
- Bonjour, dit le petit prince. Vous avez un drôle de chapeau.
- C`est pour saluer, lui répondit le vaniteux. C`est pour saluer quand on m`acclame. Malheureusement il ne passe jamais personne par ici.
- Ah oui? Dit le petit prince qui ne comprit pas.
- Frappe tes mains l`une contre l´autre, conseilla donc le vaniteux.
Le petit prince frappa ses mains l`une contre l`autre. Le vaniteux salua modestement en soulevant son chapeau.
- Ça c`est plus amusant que la visite au roi, se dit en lui-même le petit prince. Et il recommença de frapper ses mains l`une contre l`autre. Le vaniteuxrecommença de saluer en soulevant son chapeau.
Après cinq minutes d`exercice le petit prince se fatigua de la monotonie du jeu:
- Et pour que le chapeau tombe, demande-t-il, que faut-il faire?
Mais le vaniteux ne l`entendit pas. Les vaniteux n`entendent jamais que les louanges.
- Est-ce que tu m`admires vraiment beaucoup? demanda-t-il au petit prince.
- Qu`est-ce que signifie admirer?
- Admirer signifie reconnaître que je suis l`homme le plus beau, le mieux habillé, le plus riche et le plus intelligent de la planète.
- Mais tu es seul sur ta planète!
- Fais-moi ce plaisir. Admire-moi quand même!
- Je t`admire, dit le petit prince, en haussant un peu les épaules, mais en quoi cela peut-il bien t`intéresser?
Et le petit prince s`en fut.
“Les grandes personnes sont décidément bien bizarres”, se dit-il simplement en lui-même durant son voyage.

Antoine de Saint-Exupéry – Le Petit Prince

terça-feira, 14 de outubro de 2008

A Pérola - John Steinbeck


...A TOWN is a thing like a colonial animal. A town has a nervous system and a head and shoulders and feet. A town is a thing separate from all other tows, so that there are no two towns alike. And a town has a whole emotion. How news travels through a town is a mystery not easily to be solved. News seems to move faster than small boys came scramble and dart to tell it, faster than women can call it over the fences.
Before Kino and Juana and the other fishers had come to Kino’s brush house, the nerves of the town were pulsing and vibrating with the news – Kino had found the Pearl of the world...

Excerto da obra “A pérola” – John Steinbeck – Penguin Book

As notícias correram e correram velozmente como todas as muito boas notícias ou as tristes ou muito tristes. E eu tenho muita dificuldade em afirmar se a descoberta daquela enorme pérola, aquela enorme fortuna, anunciada com tanta flama, sentida com toda a garra, foi, enfim, algo de muito bom ou algo de muito mau. Sob a perspectiva de Steinbeck, foi algo de muito mau, conforme facilmente se depreende do resto da leitura. Uma leitura veloz e corrida como o vento, uma leitura ao mesmo tempo fácil e entusiasmante. Aqui fica a sugestão de um belíssimo livro, um conto que celebra a coragem e a sagacidade das famílias ordinárias.

Nuno Monteiro
“ A cultura assusta muito. É uma coisa apavorante para os ditadores. Um povo que lê nunca será um povo de escravos.”

António Lobo Antunes

Prémio Histórico - Filosóficas